| 15, mayo, 2020

Max Papeschi

Por: Sugel Gamal Michelén

Fotos: Max Papeschi, Andrea Colzani

Agradecimiento: Altri Tempi

Para Papeschi el humor es la única manera de expresar lo extraña que se ha vuelto la realidad. “Es como vivir en un episodio de South Park” me dijo, riendo, mientras hablábamos del mundo post-Trump.

Su trabajo usa la irreverencia como una defensa contra la mística de ciertos símbolos y le quita poder al culto a la personalidad y al comercialismo. Desde un Mickey Mouse nazi hasta el papa con la cara de Bart Simpson, estos íconos pierden su reverencia y se vuelven símbolos de la tragedia colectiva que todos compartimos. Es la visión de Papeschi de un mundo “globalizado en el que las decisiones las toman las multinacionales”.

Aunque se resiste a encasillar su trabajo, él reconoce que su arte es política en esencia. “Todos los días leo el periódico, habló con personas de todo el mundo y busco información sobre cosas que me interesan” me dijo, “Ahora mismo estoy viendo todo lo que haya sobre Trump – noticias, documentales, libros. ¡Es increíble!”.

De esta nueva obsesión surgió su obra “Verily, verily, I say unto you, that one of you shall betray me” en el presenta a Trump sentado solo en la mesa de la Última Cena de Da Vinci. “Cuando comenzaron a pasar los despidos en la Casa Blanca, me imaginé a Trump diciendo como Jesús ‘uno de ustedes me va a traicionar’, y quedándose con la mesa vacía”.

Por su trasfondo en el mundo del espectáculo y la publicidad, Papeschi sabe que el arte es comunicación pero también es entretenimiento. Y él se divierte haciendo lo que hace. Desde un videojuego burlándose de Kim Jung-Un hasta un video porno de él teniendo relaciones sexuales con una Minnie Mouse en latex, en su trabajo no hay tabúes.

Papeschi llegó, incluso, a poner a su madre en venta. En el 2011 en un performance en una galería de Génova, haciendo un ácida crítica literal al mundo del arte contemporáneo donde todos parecen estar tan sedientos de fama, que estarían dispuestos hasta a ‘vender a su propia madre’. Bajo el juguetón nombre de “Oops! I did it again”, el artista convirtió una metáfora en un hecho real, registrando además la reacción de los visitantes al hecho de vender un ser humano como una obra de arte.

“Firmamos un contrato y es tuya, te la llevas dónde quieras, a condición de que la trates bien. Y me dejes verla cada dos semanas”, anunció el artista durante su performance.

En en 2016, Papeschi trabajó junto a Amnistía Internacional para llevar su exhibición “Welcome to North Korea” por todo el mundo, usando una variedad de medios multimedia para mostrar la cruda realidad del pequeño y aislado país asiático.

“Para este trabajo me preparé por todo un año. Leí libros, conversé con funcionarios y diplomáticos familiares con la situación de Corea del norte” me comentó sobre este proyecto. “Incluso hablé con un desertor del régimen”.

Como parte de este proyecto, él intervino espacios públicos utilizados para hacer publicidad en Paris, San Francisco, Berlin, entre otras capitales, para colocar su arte. “Me gusta jugar con el observador de manera que el trabajo parezca un anuncio publicitario, y luego de mirar bien entiendan que es una pieza de arte con un mensaje” me contó. Buscando inspirar lo que Kandinsky llamaba la “segunda mirada” a su trabajo, para crear comunicación y conexión con el observador.

“Tú puedes usar la publicidad para promover un producto, un político o una idea” me dijo, del poder de publicar en espacios públicos. “Es difícil para un artista tener los recursos para comunicarse como las grandes corporaciones, pero [la publicidad] es un medio con mucho poder en las manos de un artista con un mensaje”.

“Lo primero es que tienes que estar seguro que quieres ser artista. Ser artista es difícil. Si no estás seguro que tu mensaje es importante, lo mejor que puedes hacer es hacer otra cosa”.

“Y tienes que tener suerte”.

Para Papeschi ese momento de suerte fue en el 2010, cuando un galerista en Polonia puso una valla gigante con su obra que representaba a una mujer desnuda con la cabeza de Mickey Mouse con una gran swastika y en 24 horas su suerte había cambiado. De un día a otro, Papeschi era conocido a nivel mundial, y le comenzaron a llegar invitaciones de colaboraciones y exhibiciones, y en ese periodo, comenzó su trabajo en los Estados Unidos.

Desde entonces, el artista ha estado en una fase satisfactoria y creativa, donde tiene el tiempo y los recursos para seguir procesando la realidad en que vivimos, en su estilo característico, usando su amplia gama de herramientas multimedia para comunicarse.

Para su primera exhibición en Santo Domingo, Papeschi hará un solo show en Altri Tempi donde traerá una retrospectiva de su trabajo de los últimos 10 años, junto con trabajos inéditos que compartirá con el público dominicano. Cuando conversamos, el artista se encontraba en Milán preparándose para la muestra y con su curiosidad infantil me hizo muchas preguntas sobre la realidad política de Santo Domingo, que ahora entra en su radar.

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