| 15, mayo, 2020

Ivan Bordas Butler

Ivan Bordas Butler

Por: Sugel Gamal Michelen

Fotografía: Mario Pérez

Agradecimientos: TIMM

“El que dirige no puede pedir un resultado del actor, sino guiarlo por un proceso” me explicó Iván, cuando nos sentamos a hablar luego de la premiere de su largometraje “Cabarete” y conversábamos sobre su decisión de usar personas reales para los protagonistas, en vez de actores profesionales, en su ópera prima.

“Mi proceso creativo comienza con una conexión emocional con las historias” me explicó el cineasta. “Yo crecí en Santiago y siempre fui mucho a Cabarete, y me dio mucha curiosidad conocer y retratar cómo era la vida de esos muchachos locales”.

El resultado es una narrativa que juega con la línea entre la realidad y la ficción, al usar al campeón de kitesurf, Adeuri Cordiel, como el titular en una historia con el mismo contexto que la suya propia.

“Tú no puedes pedir naturalidad, tienes que lograrlo con una multitud de factores que tu manejas como director”.

Y es justo ahí donde Iván ha trabajado por llegar.

Aunque su pasión por el cine comenzó desde su adolescencia al tomar clases de cine en una escuela de verano, su carrera profesional lo ha llevado por un amplio espectro de experiencias de autoconocimiento y crecimiento, tanto profesional como personal, que ha culminado en su primer largometraje “Cabarete”.

Para Iván, esta fase de su proceso comenzó al momento de irse a estudiar cine en la University of

Southern California, donde recibió entrenamiento profesional y entró en contacto con figuras líderes de la industria. Aunque en un principio tuvo resistencia de su contexto, su empeño lo llevó a alcanzar su meta.

Una vez en California, su mentalidad comenzó a cambiar.

“California es un lugar donde tú te reinventas” me contó, recordando quien era cuando llegó y haciendo inventario de quien era ahora. “Tú tienes que desaprender muchas cosas para abrir espacio a nuevas formas de vida y nuevos conocimientos”.

Los Ángeles es fantástico” me confesó, con honestidad “en especial, si estás en la industria”.

Al momento de decidir volver al país a realizar “Cabarete” con su productora, Filmicana, se enfrentó a los retos de trabajar en una industria cinematográfica incipiente. Aunque beneficiados por la Ley de Cine que le permitió financiar su proyecto, Bordas ve la diferencia entre trabajar en una industria joven comparado con su experiencia trabajando en Los Ángeles.

“Aquí tú tienes que echar adelante y resolver con lo que hay” nos dijo.

Para “Cabarete” Iván logró convertir sus retos en oportunidades, disfrutando de la libertad que le permitió no trabajar bajo el formato de estudio para desarrollar este monumental proyecto en la zona norte de la isla.

“Las películas dominicanas tienen el mismo presupuesto que cualquier película independiente en cualquier parte del mundo” me dijo, mientras comentamos del potencial del cine local.

“Lo que falta son más personas arrojadas, con ideas nuevas y buenos guiones”.

Un factor clave para entender la visión de Bordas como auteur es su pasión por viajar. Para él representa el acto físico de abrirse a nuevas ideas y retar sus valores preconcebidos, forzándolo a evolucionar. Una de las experiencias que él nombra como de las más influenciales fue hacer safari en África.

“Volver al contacto con la naturaleza y entender el orden natural de las cosas, realmente pone todo en perspectiva” me confesó.

En “Cabarete”, esta conexión con la naturaleza se perciben en hermosas tomas acuáticas, donde el espectador puede experimentar la emoción del kitesurf, yendo a toda velocidad entre el cielo y el mar, sabiendo que llegar a la orilla es volver a la realidad.

En este momento, Iván se encuentra viajando promoviendo su película y disfrutando el proceso de recibir retroalimentación, tanto de su creación como de la marca-país que representa. Aunque él todavía no sabe cuál será su próximo opus, sabe que la próxima buena historia lo encontrará si se mantiene trabajando y con el corazón abierto.

“El cine está conectado con nuestra capacidad de imaginar. Abrirnos a un mundo de posibilidades y jugar con ellas. Preguntarnos la gran pregunta “What if?” y si tienes una conexión emocional con ese mundo que te imaginas, pues esa es tu próxima buena idea”.

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