| 19 de mayo de 2020 | 6:47 pm

¡Y el mundo nos cambió de golpe!

Por: Vida Gaviria @modomama

Ya había rumores de que la ola se acercaba a nuestra orilla. Quisimos soñar con que se desviaría en su vuelta planetaria como se han desviado tantos huracanes pero esta vez no había escapatoria. Vimos el panorama cambiar en otras latitudes y nuestro optimismo caribeño nos insistía que tuviéramos calma, que a lo mejor se encontraba la vacuna antes de que el virus se acordara de estas tierras. Pero lo justo era que nos visitara a todos, que nos detuviera a todos o al menos, que nos bajara el ritmo a todos.

Así llegó el primer caso e incrédulos seguíamos saliendo. Pensando que con ciertas medidas podríamos burlar las recomendaciones de los países que ya tenían semanas de delantera. Hasta que empezamos a sentir el cambio progresivo: locales cerrando, calles más vacías y de repente nos dimos cuenta, el mundo nos cambió de golpe.

Han pasado casi 4 semanas de esta nueva modalidad que ya casi se convierte en normalidad. Las familias nos hemos visto en la dulce necesidad de compartir como antes no teníamos tiempo para hacerlo y en muchos casos, han pasado cosas maravillosas. Por ejemplo, el niño de 4 años que está feliz porque puede estar en casa todo el día junto a papá y mamá rendidos a sus comandos, recibiendo atención y contacto que es lo único que necesita en esta etapa. O la chiquita de un año que dio sus primeros pasos y pudo hacerlo frente a papá que ese día no estaba trabajando. O la niña de 12 años que ha conquistado a mamá para que se aprenda coreografías que luego comparte en Tok Tok. O el adolescente de 17 años que pudo por fin tener esa conversación que tenía pendiente desde hace tiempo con su papá. O esa pareja que se encontraba alrededor de la mesa del comedor y ahora se encuentra también en complicidad y anhelos juntos.

El mundo nos cambió de golpe porque si hubiera sido despacito seguiríamos pidiendo tiempo para prepararnos. Pero resulta que la vida se abre paso sin preguntar si es buen momento porque con el tiempo comprobamos que siempre era el mejor momento. Y ahora que rehabitamos la casa, la que solo usábamos para guardar la ropa, dormir, coleccionar objetos que poco visitábamos; la vida se siente más viva. Tenemos más deseo de volver pero realmente no volveremos porque para eso habría que ir atrás y esta sacudida solo nos lanzará hacia adelante.

En ese mundo nuevo no habrá más quejas por llevar una vida que no nos satisface pues estamos teniendo suficiente tiempo como para celebrar la vida en detalles que antes nos parecían insignificantes. Ese nuevo abrazo será sentido, ese saludo será sincero, ese deseo de estar con nuestros hijos será por disfrute y no por culpa.

Mientras tanto construyamos la memoria que queremos que se quede con nosotros del tiempo en que el mundo nos cambió de golpe.

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