| 19 de mayo de 2020 | 3:56 pm

Licina Mejía González

Por: HerVoice

Fotos: Mario Pérez

Para Licina, crecer en el Mesón de Bari, entrelazando tradición y gastronomía en el día a día, definió lo que es su filosofía actual como restauranteusse.

“Hay que tener una conexión” me explicó. “Tú tienes que sentirte cómoda en un lugar para querer volver”.

Como pasa en los negocios familiares, Licinia se crió siendo parte de la vida del restaurante, alrededor de clientes que eran tan regulares como si fueran parte de la familia, cada uno requiriendo un trato personal.

“Yo tengo una relación con ciertos restaurantes que voy siempre, y con todos es por la misma razón: los dueños están en el negocio” me contó de su experiencia.

Su bisabuela comenzó con una fonda, en un momento que la Zona Colonial era el centro comercial de la ciudad. Desde el local, ella les daba comida a los empleados de los bancos y negocios de la zona. Luego, cuando sus padres comenzaron el restaurante en el 1979, aunque había cambiado, la zona retenía la mística de ser el corazón de la ciudad, donde se juntaba la tradición y la bohemia.

“Mi mamá lo aprendió todo de manera empírica. Ellos crecieron de la nada con una voluntad férrea y objetivos muy claros”.

Como gerente general del Grupo Bari, Licina trabaja de manera incansable, para mantener lo que ha durado 41 años. Manteniendo una institución gastronómica de la ciudad, pero también, ser su evolución según los tiempos.

Ella ha estado a la cabeza de la segunda ubicación del restaurante en Naco, como una manera de adaptarse a las demandas de una ciudad en desarrollo y acercar su cocina a sus clientes. Aun así, ella retiene la melancolía por la vida de la Zona Colonial, lo cual se aprecia en el carácter del espacio.

“Yo vivía feliz en la zona. La amo” me dijo de corazón. Esta es justo la experiencia que transmite el Mesón de Bari, donde al entrar sientes que volviste a un viejo Santo Domingo, exquisito y familiar, donde todos comparten sobre un filete encebollado.

“Como tú orientas tu marca, define el tipo de cliente que tú buscas”. “La fusión, lo novedoso me encanta. Pero, ¿cuántas veces al mes vas a buscar ese tipo de gastronomía?” nos dijo, con su franqueza característica.

“Lo nuestro son las recetas de la abuela en tu mesa” nos explicó Licina, mientras probaba unas cativias de lambí riquísimos de entrada. “Tenemos un menú en base de la comida criolla dominicana, que mi mamá, a su manera, le puso un toque gourmet. Por eso la gente vuelve”.

“La gastronomía dominicana tiene una buena mezcla de sabores de la parte europea y la parte africana y algún rastro de la indígena, como las cosas que nos quedan a base de yuca. Tenemos de particular que tenemos migrantes de todo el mundo: muchos árabes, una base española criolla, italiana y del mundo entero”.

“Lo nuestro son las recetas de la abuela en tu mesa”.

“Recolectamos en nuestra gastronomía lo mejor de los sabores y las técnicas en la mezcla de culturas; la comida dominicana es gustosa”.

Aunque en su juventud su inclinación era más por los aspectos del negocio del restaurante que por la cocina, su experiencia en España de cerca a la tradición gastronómica familiar de su suegra, la hizo ver con nuevos ojos aquello que siempre había tenido en frente y renovó su pasión por la gastronomía.

De esta etapa, ella cita como una gran influencia aprender lo que es comer por temporada, respetar las vedas, comprar local, y más aún, meterle corazón a la cocina; elementos que ahora forman parte crucial de su visión.

El negocio de manejar un restaurante es demandante. Debe apasionarte” nos dijo Licina “Y aún más en los negocios familiares, porque es trabajar con emociones, y una obra de amor cada día”.

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